martes, 21 de enero de 2014

Historias de amor I

La historia del amor en Occidente puede verse como un doble proceso de liberación y sublimación. Eros es un dios creador y destructor. A veces es mortal y a veces, también, cubre de flores el jardín. Hombres y mujeres viven definidos por el signo cuerpo y el signo no-cuerpo. En Provenza, cuna del amor cortés, jamás se negó lo corporal por completo y la sublimación adquirió formas equívocas. La más curiosa entre ellas fue la ceremonia del asag, una serie de pruebas que culminaba en la contemplación de la dama desnuda. El enamorado podía tenderse en el lecho junto a ella aunque sin consumar la unión sexual. En Florencia la sublimación fue más estricta y la relación entre los amantes consistía en una suerte de copulación visual. Pero la represión ha sido en todos los casos contraproducente y se resolvió casi siempre en estallidos o, peor, en duplicidad moral. Dante vivió fuera del matrimonio pasiones lujuriosas y Petrarca tuvo dos hijos naturales de distintas mujeres. La castidad -como se ha visto en iglesias, cuarteles y conventos- acaba por pervertir el cuerpo y el espíritu. Liberarse, en cambio, parece la opción más pura, enriquecedora y honesta.
L.

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