lunes, 20 de enero de 2014

Redes

Ahora que volví al blog pensando, como siempre, en dejarlo, me pregunto por qué vienen tan pocos visitantes a un lugar que en los buenos tiempos llegó a convocar a alrededor de trescientos o más. Hay ahora en este espacio un máximo de cuarenta visitas, cifra que el otro día, quién sabe por qué, subió a ochenta. La respuesta al interrogante es tan fácil que hasta da pudor reproducirla. Están todos en Facebook. Nadie, ni siquiera buenos seguidores de Suspende, quiere salir de ahí ni que lo maten. ¿Por qué? Voy a decirlo brutalmente que a veces es la mejor manera de decir las cosas. En Facebook hay levante, hay fantasías de hermandad, sexo cibernético, información, compartir cosas, colgar fotos, contar boludeces en medio de aplausos, poner manitos levantadas al pie de cualquier tontería y alcanzar por ese medio la felicidad y el modo de vida comunitario que tanta gente anhela. Los blogs que aún sobreviven, por ejemplo éste, no ofrecen ninguna de esas ventajas. Al contrario. Ya se parecen a un libro, objeto en extinción, o a las libretas de notas que no interesan a nadie. Entrar a un blog hoy es como meterse en una cueva sin tesoro, sin bellas durmientes, sin nada. Por eso ya no viene nadie o casi nadie por acá. No importa. Seguiremos un poco más por el solo gusto de seguir. Pero, no nos engañemos, Facebook ganó la batalla. ¿Hasta cuándo? Hasta que las redes se deshagan al fin y los peces recuperen la libertad perdida. Me contaron algo impresionante. Parece que hubo un tiempo hermoso en el cual existían unos seres muy raros llamados personas. No fantasmas sino personas. Sería bueno recordarlo de tanto en tanto.
L.

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