jueves, 29 de septiembre de 2011

Origen del mundo


Pintado en 1866 el perturbador cuadro de Gustave Courbet sigue generando rechazos, adhesiones e interrogantes. No tanto porque muestre zonas del cuerpo femenino desconocidas o veladas sino justamente por lo contrario, es decir, por haberse animado a representar lo real casi hasta superar el límite del horror. Courbet desechó en esta pintura los filtros del tabú y cualquier forma posible de sublimación, metáfora o abstracción. El resultado está a la vista. La excesiva presencia de lo deseado, el realismo extremo, el objeto de deseo libre de máscaras y velos puede llegar a ser repulsivo sin perder por ello un cierto encanto. Desde otro plano el cuadro ha sido condenado como sacrílego por asociar la creación divina con las miserias de la biología. Y, también, por poner de relieve el sexo femenino de una manera casi pornográfica y eliminar el rostro de la modelo, la pelirroja y ya olvidada Joanna  Hifferman. L'Origine du monde representa de algún modo el callejón sin salida al que había llegado la pintura realista tradicional. Demuestra, a la vez, la inutilidad de la representación pura en favor de la sublimación, la abstracción, la capacidad de simbolizar lo deseado. Después de la fuerte impostura de Courbet los artistas se volcaron primero al arte abstracto y posteriormente al expresionismo. Lo real por sí mismo dice poco. O dice lo obvio que es menos inspirador aún.
L.

No hay comentarios:

Publicar un comentario