viernes, 28 de agosto de 2009

La rana que quería ser una rana auténtica


Había una vez una rana que quería ser una rana auténtica. Todos los días se esforzaba en ello. Al principio compró un espejo en el que se miraba largamente buscando la ansiada autenticidad. Unas veces parecía encontrarla y otras no -según el humor de ese día o de la hora- hasta que se cansó y guardó el espejo en un baúl. Por fin pensó que la única forma de conocer su propio valor estaba en la opinión de la gente. Entonces comenzó a peinarse y a vestirse y a desvestirse (cuando no le quedaba otro recurso) para saber si los demás la aprobaban y reconocían que era una rana auténtica. Un día observó que lo que más admiraban de ella era su cuerpo, especialmente sus piernas, de manera que se dedicó a hacer ejercicios y a saltar para tener unas ancas cada vez mejores. Sentía que todos la aplaudían. Y así seguía haciendo esfuerzos hasta que, dispuesta a cualquier cosa para lograr que la consideraran una rana auténtica, se dejaba arrancar las ancas, y los otros se las comían, y ella todavía alcanzaba a oír con amargura cuando decían que qué buena rana, que parecía pollo.

Augusto Monterroso, escritor guatemalteco.

1 comentario:

  1. Lo mismo que a la rana le pasa a mucha gente demasiado pendiente de lo que piensan los demás. Muy buen cuento.
    Maku

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