viernes, 15 de junio de 2012

El pez

Fue expulsado el pez de la pecera. La decisión fue tomada por el Gran Pez en una reunión especial de directorio. Salir de la pecera no es malo en sí mismo. Están los ríos, los mares, el viento, la libertad por más acotada que sea. Pero, claro, el pez estaba acostumbrado a las paredes de vidrio, al inevitable coqueteo con las hembras, a las burbujas tiernas y al calefactor que, salvo corte de luz o alguna crisis de energía, no falla nunca. El pez nada ahora en un lugar que no conoce. No hay estrellas de mar pero sobran las algas, el oleaje, las corrientes de agua y aire. Fue expulsado el pez de la pecera. El Gran Pez lo ha resuelto en asamblea de solemnes tiburones. La víctima no se siente como tal. Al contrario. Se siente o cree más libre que nunca. Pero no puede negar el desconcierto. El pez no olvida las ideas que incendiaron su adolescencia. Y repite, para quien lo quiera oír, el viejo mantra de siempre. Libres o muertos. Jamás esclavos.
L.

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