viernes, 26 de septiembre de 2014

Buen finde

Estamos tan domesticados en la expresión como en las costumbres. No solo mentimos en las acciones sino también en las palabras que usamos. Lloramos sin ganas, decimos buen finde en la oficina como si creyéramos en eso, saludamos a un deudo con mi más sentido (y falso) pésame, besamos a veces por compromiso o para quedar bien. Algunas mujeres fingen orgasmos y algunos hombres dicen discursos solemnes acerca del fútbol, la vida o el amor. Después se ríen con los amigos. Llueven los saluditos de cumpleaños en Facebook, promesas de siempre voy a estar ahí que jamás van a cumplirse, conmovedoras acusaciones que fueron sacadas de una película que incluye procesos judiciales. ¿Por qué tanto rechazo a decir por lo menos una sola verdad verdadera? ¿Por qué sentir de manera convencional y no con el alma y hasta con los genitales? Se lo pregunté a Paula ayer y respondió con precisión. Tenemos demasiado miedo a no ser aceptados por los otros. Para no ser menos agregué algo más. Se empieza cediendo en las palabras y se acaba cediendo en los hechos.
L. 

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