lunes, 22 de septiembre de 2014

Turistas


El turista no es un viajero inquieto sino apurado. Está interesado en consumir viajes y gozar con ellos. Su objetivo es alcanzar la satisfacción inmediata en la menor cantidad de tiempo posible y sin mayores esfuerzos. El objeto de deseo podría llamarse de cualquier otro modo y sería más o menos lo mismo. El turista prefiere los monumentos y las playas a las personas que habitan las cercanías de los monumentos y las playas. A la hora de elegir hay una opción clara por lo inanimado en detrimento de lo animado. El turista sabe que el conocimiento de costumbres culturales distintas a las de él requiere de paciencia pero sobre todo de unos cuantos días. Y el turista no está para eso. Su tiempo es escaso y el vuelo de regreso ya sale. El turista sabe que encontrarse con sujetos distintos a uno es algo decididamente agotador. Se descansa en el hotel, en los tours, en las comidas, en las piscinas o sacando fotos. Lo dicho hasta acá se vuelve más obvio en los viajes al desierto. Es menos peligroso ver camellos que entrar en contacto con los habitantes del lugar, esos que el turista llamará luego lugareños, calificativo que en este caso equivale a marcianos, seres invisibles o piedras del camino.
L.

No hay comentarios:

Publicar un comentario