miércoles, 17 de septiembre de 2014

Surrealismo revisitado


A veces conviene dejar todos los libros, las gaseosas, las televisiones, las computadoras y los celulares para volver a leer algunos poemas surrealistas. Es cierto que fueron escritos hace mucho tiempo. Algunos datan de principios del siglo XX. La gente actualizada no va tan atrás. ¿Pero por qué no volver a los poetas de la exaltación lírica y lo maravilloso? ¿Por qué dejar en el olvido a los artesanos del erotismo y los sueños imposibles?  Yo estoy con un pie en la orilla derecha, otro en la izquierda y el tercero dirigido hacia el culo de los imbéciles. Eso escribió Jacques Prévert, de quien acabo de subir acá su poema El fusilado. Los surrealistas exageraban un poco con su técnica de unir cosas lejanas y, en el choque, producir un asombro interminable. Pero aun así. Casi todos ellos tenían la virtud de no preocuparse por la literatura sino por la vida, la creación, el sexo, el amor, el mundo, la tragedia. Practicaban una estética revolucionaria que no se agotaba en sí misma. Buscaban ya no cambiar el mundo sino cambiar la vida. No lo lograron. Pero la tarea inacabada sigue esperando a sus continuadores. Volver a los campos magnéticos. Volver a la mujer con senos de espectro de rosa bajo el rocío. Volver a la mujer con senos nocturnos que soñó André Breton.
L. 

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