martes, 23 de septiembre de 2014

Los indiferentes

El signo de la época es la indiferencia. No sólo frente a los grandes problemas del mundo sino también ante los pequeños. La generalizada falta de interés suele ser encubierta con frases hechas, actos fingidos y saluditos por las redes sociales. Pero, seamos honestos, pocas personas son capaces de hacer algo por uno o por los otros. ¿Lo soy yo? Habría que verlo en los hechos y no en el discurso. El sábado tuve la mala idea de contarle algo que me pasaba, no importa qué, a un indiferente con cara de sensible y solidario. Cuando andaba por la mitad del relato comprendí que nada de lo que decía le importaba. Suspendí entonces la charla, hablé del tiempo (qué raro este frío en primavera) y corté el diálogo como corresponde. No necesito orejas bien dispuestas. Tampoco pies, labios o rodillas. Me gusta entrar en contacto con gente viva y atenta. Eso sí. Supongo que si la meta es hablar de algo que importe debemos elegir mejor a los interlocutores. O callar de una vez.
L.

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