jueves, 22 de diciembre de 2011

La insoportable levedad

Acabo de saber que la actriz francesa Juliette Binoche está más o menos cerca de mi casa, quiero decir, en las cataratas del río Iguazú, es decir, a unas diez o doce horas de viaje en bus o a una hora en avión o menos aún si uno se traslada en taxi espacial hasta las famosas caídas de agua descubiertas accidentalmente por Alvar Nuñez Cabeza de Vaca en el año 1500 o un poco más tarde. Porque así como el agua cae hacia el abismo pienso ahora que Juliette Binoche podría salvarme si ella supiera y yo pudiera llegar hasta su cuerpo de algún modo amable, es decir, sin que se note demasiado, con pasos de elfo invisible, encendido como un hobbit luego de tomar una copa gigante de cerveza artesanal. No puedo siquiera imaginar cómo será besar en la boca a Juliette Binoche. La vi en tres o cuatro películas destrozando el corazón o, mejor, los genitales de todos los hombres que se le acercaban. La vi en Blue, una película polaca, pidiéndole a un futuro amante que se desnudara ante ella en un momento de desesperación y, claro, quizás la Juliette Binoche real no sea tan hermosa y sutil como yo la imagino. Quizás tenga sistitis o esté embarazada y se fastidie por un mosquito o me critique por no haber colgado las toallas después de haberme duchado en el hotel. Quizás sea todavía peor. Una mujer cruel, egocéntrica, maquillándose únicamente para la cámara y las luces, en fin, no sé si Juliette Binoche está en condiciones de salvarme como ahora imagino o sueño. Pero no puedo saberlo si no lo intento y por eso escribo ahora y por eso, también, en un rato, partiré a las cataratas para hablar con ella en francés y castellano y decirle que la amo y que podríamos, por qué no, pasar juntos noche buena y navidad, al borde quizás de la garganta del diablo que bien podría ser la garganta profunda, y, claro, para qué seguir en esta línea si ni siquiera sé cómo se llama esa tal Juliette Binoche en realidad y en qué película trabaja o si tengo ganas, realmente ahora, de subir a un avión o a un globo para buscar a esa mujer como un cazador sin destino que busca a un animal secreto entre la espuma del agua y de la selva.
L.

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