lunes, 19 de diciembre de 2011

Vidas breves

Las vidas largas, esas que se extienden por un siglo o más, están sobrevaluadas por la opinión pública y privada. ¿Será que olvidamos lo equívoco que es juzgar la excelencia de un hombre o una mujer por el número de años en que se movió, cantó o respiró? Ni Mozart ni Apollinaire ni Rimbaud ni Egon Schiele, artistas de valor indiscutible, llegaron a más de cuarenta. Kafka murió a los 41. Seurat a los 31, Watteau a los 37. ¿Debemos olvidarlos, negarlos o rechazarlos por eso? No. La categoría de una existencia se mide por la intensidad. La duración es vana, dice Carlo Michelstaedter, si no es más que una sucesión de presentes vacíos. En esos casos es preferible mil veces la hermosa e indecible fugacidad del relámpago.
L.

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