lunes, 30 de junio de 2014

El canto de los peces


En la noche profunda se escucha vagamente el canto apagado de los peces. Para oírlo bien hay que aguzar el oído y acallar los motores. Además hay que cerrar los ojos y dejarse llevar por la inestable deriva de las cosas. Apenas se entienden las letras. Raramente figuran en ellas palabras como escama, branquia, aleta y otras voces previsibles. Quienes se han dedicado a descifrar el lenguaje de los peces registran vocablos poco ligados a la naturaleza específica del ser. La música de las canciones es suave y ligeramente amarga. Su duración es breve. Se dice que quien consigue oír el canto de los peces está enfermo de violencias marinas o piensa en temas por completo ajenos al mundo real. Ninguna de esas fábulas refiere a la comparación habitual con el peligroso canto de las sirenas. La canción de los peces es inocua pero, en algún punto, desesperante. 
L.

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