miércoles, 7 de noviembre de 2012

Apolíticos

Mucha gente que me rodea se jacta de ser apolítica, es decir, de no inmiscuirse en asuntos relacionados con los partidos, los gobiernos o cualquier cosa que se parezca a una toma de posición sobre algo o alguien. El fundamento de semejante indiferencia nunca es del todo claro. Dicen algunos que para qué meterse, que igual nada puede cambiarse, que mejor dedicarse a la familia, al sexo, al amor, a los viajes y, ya que estamos, al consumo en todas sus formas. Apolíticos, abúlicos, apáticos. Los tres adjetivos empiezan con la misma letra. Lo que no saben, o prefieren ignorar, es que la política se mete con ellos así se hagan los distraídos. Tampoco digo que sea necesaria la militancia en tal o cual grupo. Simplemente hablo de compromiso mínimo con los otros, con la naturaleza, con la justicia social, con la defensa de los derechos del hombre. El problema se presenta quizás a la hora de elegir qué rumbo adoptar. Cualquier sentido es mejor que ninguno, responde Nietzsche desde lejos.
L.

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