miércoles, 27 de febrero de 2013

Amor libre


Si por amor libre entendemos cero compromiso y coger con todos y todas no soy de la partida. Tampoco andar contándose intimidades y fantasías que para eso se llaman intimidades y fantasías. Si por amor libre, en cambio, entendemos un vínculo apenas unido por el amor y el deseo (lo que no implica dejar de lado los necesarios y hasta encantadores bochornos de la vida cotidiana) entonces soy de la partida. El amor debería estar libre de ataduras institucionales, libre de rutinas obligadas, libre de presiones familiares, libre de leyes dictadas por la mal llamada moral. Lo dicho no implica una licencia para hacer y decir cualquier cosa. Al contrario. Creo que el amor verdaderamente libre no está libre de códigos mutuamente establecidos, no está libre de compromisos asumidos, no está libre de la voluntad de compartir un mismo espacio con todo lo que ello implica. Y, lo principal, un amor verdaderamente libre es el establecido por dos personas que su vez son libres como individuos, tienen proyectos propios, no dependen de la pareja para nada y están decididos a afrontar juntos el desasosiego inevitable de vivir.
L.

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