domingo, 17 de febrero de 2013

Para subir al cielo


Rayuela, la novela o rayo mortífero y vivificante de Julio Cortázar, sigue golpeando tan fuerte que no hay manera. Y no hay manera porque basta una ligera comparación con la denominada nueva narrativa argentina y demás sellos periodísticos que a la larga resultan inútiles como realismo mágico, romanticismo, o cualquier otro ismo, para entender que la fantasía creadora no se opone a lo real sino que lo potencia.Todo sigue siendo novedad en Rayuela. La Maga sigue siendo más fuerte que Oliveira ya sea por su tranquilo desprecio de los cálculos más elementales y abstractos, ya sea por su desentenderse de las grandes e inútiles discusiones, ya sea por su tendencia a nadar por esos ríos que los académicos apenas conocen por sus nombres. La Maga se desnuda y se mete al agua mientras el resto de los personajes escucha jazz o bebe copas y copas de whisky más por aburrimiento que por transgresión. Qué hermoso si todos pudiéramos volver a ver el mundo por los ojos de La Maga. O entrar en ella bien adentro por caminos invisibles. Seguimos leyendo Rayuela por su erotismo tan puro como el coito entre los caimanes. Pureza. Horrible palabra. Puré y después za. Seguimos leyendo Rayuela, además, porque con ella Cortázar destruyó para siempre la literatura de los narradores que ganan concursos o dan conferencias magistrales. ¿Y para qué sirve el escritor si no para destruir por siempre y para siempre la literatura canónica y consagrada?
L.

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