jueves, 14 de febrero de 2013

Un blog incesante

Se me critica y con razón que escribo mucho en este blog. Hay días donde se publican acá hasta cinco o seis entradas distintas. Y además la música y las fotos y la desesperación que lleva a hacer de este lugar un resumidero de palabras atragantadas que piden salir, no se sabe de dónde, y volar libremente como gaviotas en peligro sobre un océano mareado. Se me critica la retórica, la tendencia oscura, el desvío constante, la provocación como estilo y sistema de supervivencia. Y es así. Escribo como si quisiera despertar al que duerme, inquietar a la mujer que eligió una vida cómoda, alterar el vuelo de las mariposas, jactarme de no sé qué en un mundo donde todos vamos a morir tarde o temprano. Es quizás esa conciencia la que me empuja a escribir sin rumbo, sin historia, sin finales perfectos y con desarrollos fragmentarios y sucios. Se me critican las fotos de gente desnuda, las repeticiones de ideas y músicas, la maldición de un continente. Se me critica no contar lo que me pasa, armar textos en sí mismos donde no se desliza la menor confesión, ninguna intimidad, ningún trapito al sol, ningún diario íntimo en este espacio público. No voy a defenderme de las críticas. Voy, apenas, a seguir escribiendo como si no tuviera nada más que hacer en la vida.
L.

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