miércoles, 13 de febrero de 2013

Elogio de la terapia

No está de moda el psicoanálisis. La terapia en general es tan mal mirada como la palabra diván. Sin pensarlo mucho se dice que si uno tiene un tema difícil es mejor hablarlo con un amigo del club o con una amiga en un café. Yo no estoy loco, argumenta alguno. Yo me curo solo, resume otro. O viajo. O me anoto en un taller literario. Cualquier cosa está bien con tal de no caer en la "trampa" analítica y gastar, encima, un dineral. No lo veo así. El espacio terapéutico es eso. Un espacio vacío que cada cual puede llenar con lo que quiera. Ahí el paciente puede decir lo que se le da la gana sin miedo a ser castigado. No hay dioses en el consultorio. Apenas un buen analista, esto es fundamental, capaz de escuchar con atención flotante y ayudarnos a meditar la vida que es compleja, rara, intraducible si no frenamos la loca carrera al menos por media hora o cincuenta minutos. Vivir es difícil para todos. Buscar una ayuda -lo que no es igual a encontrar un bastón o una adicción nueva- no tiene nada de malo, al contrario, todo de bueno. Una terapia virtuosa brinda apenas herramientas para manejarse mejor en una selva llena de peligros. ¿Por qué negarnos a esa ayuda tan urgente y necesaria?
L.

No hay comentarios:

Publicar un comentario