sábado, 23 de febrero de 2013

Cuando


Cuando leo un texto de otro, lo otro, lo que levanta murallas y con razón para defenderse también del oleaje, quiero decir, cuando leo el texto de alguien que me coloca en ese lugar, el del maestro cuya experiencia le permite, o se supone que le permite, hacer modificaciones en un cuerpo textual ajeno, algo parecido al sexo pero diferente, eso de entrar sin permiso en un espacio íntimo que si lleva ese adjetivo por algo es, en fin, eso de rasgar la ropa del otro y mostrarlo de pronto en su desnudez atroz, sin ofrecer salidas para tanta exhibición de venas azules en una piel que debería ser blanca, sí, como una hoja de papel, es entonces que me pregunto hasta dónde avanzar, y quién me otorga ese derecho, y si no habrá llegado la hora de ordenar a las tropas que se retiren por fin del campo de batalla y se ocupen ya no de hacer la guerra sino el amor.
L. 

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