jueves, 13 de febrero de 2014

Abrir la puerta

Todo era natural entonces. Directo, nuevo, inmediato. Era cuestión de abrir la puerta al descampado y salir. Escuchar cómo late el corazón de la aventura. Entonces daba lo mismo un árbol que un libro, una idea, una mujer o un recuerdo. El cuerpo no era una teoría. Todo consistía en entrar al río, con ropa o sin ella, y dejarse llevar al mar por la corriente. O subir a las ramas más altas y reír por cualquier cosa. No había expertos entonces. No había jefes ni policías ni dueños de la moral. Estos últimos son los peores. Pero de ellos es el reino. Cada vez son menos los que van sin rumbo por el bosque. Y la opción no es gratuita. Y es entonces que uno se vuelve, como caballo salvaje, hacia lo de atrás, lo perdido, lo que no volverá. Y entonces uno dice, o miente, que todo era natural entonces. Directo, nuevo, inmediato. Ahora las cosas cambiaron un poco.
L.

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