jueves, 13 de febrero de 2014

Contra los homenajes

Nada más opuesto a la cultura que los homenajes a la cultura. Ayer se cumplió un aniversario de la muerte de Julio Cortázar y hubo que soportar en todas partes evocaciones, frases importantes, fotos inéditas o éditas, notas periodísticas que son olvidadas antes de ser leídas. Es la eterna confusión creada entre cultura y erudición que ya fue observada lúcidamente por el peruano Julio Ramón Ribeyro en su compilación de reflexiones llamada Prosas apátridas. Los periodistas y los eruditos se enamoran de las fechas. Las conocen todas además. Jamás leen un libro hasta el final. Jamás se dejan tomar por la vida. Eso sí. Como premio se salvan de todas o casi todas las angustias. Se trata apenas de llenar páginas de diario o computadora o papel con sesudos estudios que el propio Cortázar denostó, siempre en broma, cuando vivía. El escritor decía que un crítico se parece a una fruta que perdió el sabor. Como el amor pasado un cierto tiempo. Como los alimentos vencidos en el chino de la vuelta. Todo lo que importa de un autor es su obra y no los cumpleaños de su nacimiento o muerte. Ni siquiera merece consideración la supuesta herencia que dejó a las generaciones venideras. En la biblioteca duermen los libros de Cortázar. Abro uno al azar, a ver, sí, Rayuela. Y ahí leo lo siguiente. Deja caer todo eso que nos separa del centro. 
L.

No hay comentarios:

Publicar un comentario