jueves, 13 de febrero de 2014

Lo seguro y lo inseguro


Los empleos seguros tienen un beneficio indudable. Salario a fin de mes, aguinaldo dos veces al año, máquinas de café, sensación de vivir en comunidad, distraerse un poco de la rutina hogareña gracias a la rutina laboral, etcétera. Hasta aquí no hay discusión. Los empleos seguros, sin embargo, tienen una muy ligera desventaja. Son tan seguros que promueven en el empleado o empleada una especie de placidez demasiado parecida a la chatura. Dado que el trabajo es estable nadie hace nada para sí mismo. Nadie se mueve como no sea para ir al baño, salir al patio o servirse café en las máquinas automáticas. Dejar de pertenecer a esos refugios tibios y gratos no es deseable. Claro que no. Ya se sabe que en tal caso desaparece la cajita feliz, la canilla gotea justo ahí, gritan los vecinos, el día se vuelve sombrío por momentos, no parece haber futuro. Pero la intemperie sin fin, como todo, goza de una muy ligera ventaja. Promueve la acción para ocuparse de uno mismo, buscar algo nuevo, cuestionar la vida en su conjunto. Ambas situaciones deben ser consideradas en ambos casos. Antes de sentirnos totalmente felices y antes de sentirnos totalmente desesperados.
L.

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