sábado, 22 de marzo de 2014

Contra la intención

Los malos poetas lo son no tanto por escribir mal o por falta de recursos literarios sino por la intención evidente de ser poéticos y conmover al público. Cuando se percibe el propósito fracasa el objetivo. Y no sólo en la poesía. Están los que pretenden ser los más graciosos de la fiesta. Al segundo chiste uno no sabe si matar al gracioso o salir corriendo del salón. Algo similar ocurre con los seductores profesionales. Apenas asoma la clara intención de impactar al otro o a la otra con frases hechas, romanticismo impostado o gestos claramente premeditados la seducción inicial se torna ruinosa para no decir patética. La belleza genuina, el encanto, aparecen de pronto y porque sí. No hay intención de lograr nada. Y solamente ahí lo divino emerge desde el fondo de las aguas. La poesía, contra toda intención, no debe significar sino ser.
L.

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