domingo, 31 de agosto de 2014

Viajando se conoce gente


No debe haber libro más interesante y terrible que el diario de a bordo de Cristóbal Colón. La historia es conocida. El llamado descubridor de América, un lugar que los habitantes originarios habían descubierto hace tiempo y sin tanto trámite, se las arregló para lanzarse a la aventura. El 3 de agosto de 1492, luego de hacer todo tipo de promesas a los reyes de España, inició el viaje en tres carabelas pensando que se dirigía a un lugar que en su delirio denominó Isla de Cipango. La mayoría de los tripulantes eran ex delincuentes y el genovés sólo tenía claro al menos que debía rumbear hacia el oeste. Cuando las cosas se pusieron difíciles un grupo de marinos se amotinó y le dio un plazo de tres días para llegar a las indias. Con la ayuda de los vientos el almirante se las ingenió y llegaron todos, por fin, a destino. Lo que ahí encontraron, según se lee en el diario compilado por Bartolomé de las Casas, fue "la tierra más hermosa que ojos hayan visto". Lo que más sorprendió a todos fue la desnudez total y completa del comité de recepción. Los hombres ("con cuerpos bien hechos", observó el almirante) se movían "como su madre los parió" y las mujeres apenas cubrían  su "natura" con un bollito de algodón. Los locales, bondadosos e ingenuos, le ofrecieron a Colón el oro y el moro. A cambio los navegantes los contentaron con bonetes rojos -este dato sorprende especialmente- con anzuelos partidos al medio y pedacitos de vasos y tazas de fina loza. Los indios pensaban que los viajeros venían del cielo y los conquistadores aprovecharon la confusión para prenderle fuego a las chozas, violar a las mujeres, detener indios y llevarlos a "la nao" como se conocía a cada carabela. La intención era mostrarlos a los reyes como si se tratara de iguanas o piedras de talco. La alegría de los inicios se trocó, para los naturales desnudos, en un miedo atroz. Muy pronto entendieron que serían expulsados del paraíso y sin contemplaciones. La sospecha fue confirmada el domingo 13 de enero. Ese día fatídico un grupo de indios se negó a venderles a "los cristianos" sus arcos y flechas y tornaron con sogas para atar a los que ya denominaban enemigos. Colón dio órdenes estrictas. Un español dio a un indio una gran cuchillada en las nalgas y a otro en el pecho "mediante una saetada". Los cristianos no eran más de siete. Los indios como cincuenta. Lo cierto es que Colón y sus muchachos mataron a todo el grupo bajo el argumento de que eran "comedores de hombres". Y así comenzó el genocidio ahora celebrado como día de la raza, un crimen inenarrable que continúa hasta hoy. El objetivo de los reyes fue concretado (aunque el oro obtenido fue escaso). El de Don Cristóbal no. Murió sin saber adónde diablos había llegado.
L

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