sábado, 30 de agosto de 2014

¿Vivir o escribir?

La pregunta ya encierra una obvia provocación. ¿Por qué se debería elegir entre una cosa y la otra? ¿Acaso existe algo superior a entregarse sin filtro a la pura experiencia? ¿No es mejor entrar a un mar de verdad que escribir un relato acerca de las olas, el agua salada, los remolinos, las corrientes y la piel erizada y erótica del océano? Navegar es necesario -recordaba Pessoa citando a antiguos navegantes-. Vivir no es necesario. La pregunta inicial plantea una contradicción que en realidad no existe. Pero aun así. Hay personas para las cuales la literatura es una actividad complementaria o decorativa. La ven como una especie de coquetería que complementa una vida dedicada a las cosas reales, materiales y concretas que verdaderamente importan. Otros conciben el oficio literario y también poético como un medio de ganar prestigio y poder. Quedan finalmente los que escriben porque no pueden hacer otra cosa. Quedan finalmente los que entienden, con Kafka, que la escritura es más pobre pero más clara que la vida. ¿Vivir o escribir? No hay respuesta definitiva. O sí. Vivir y escribir, o, también, escrivivir.
L.

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