martes, 11 de febrero de 2014

Demasiado difícil


Como ese miedo de las manos al tocarse. Ese horror que da también placer. Si presiono demasiado la pierdo, dijo cruzando de una punta a otra de la mesa. Estaban en un bar. Ella se sentó y habló. No puedo más. Como ese miedo a que todo se acabe. Voy a sufrir, se oyó decir él. Como se pierde el sabor de las manzanas molidas y olvidadas en la boca. El ascensor, la calle, los cuerpos bien dispuestos. Ella pudo ser más alta o más robusta, pensó él. Pero eso no viene al caso aquí y ahora. Tal vez presioné más de lo debido. El bar en penumbras. El saco doblado apenas en el brazo. Así como viene el amor se va, dijo ella con voz apagada. Y él, tras dejar monedas muertas en la mesa, subió como siempre a la bicicleta muda y desnuda. Como ese miedo de las manos al tocarse. Y como si nada hubiera sucedido.
L.

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