viernes, 1 de agosto de 2014

¿Es real la vida real?

Lo evidente, lo común, lo de todos los días. ¿Son las únicas fuentes de donde beberemos? Dicen que las películas son buenas si se nutren de historias reales. Un perfil de Facebook atrae si su autor detalla lo que está comiendo y cuenta que hace un rato fue al baño y luego salió. Los realitys muestran la vida en directo: una joven duchándose, un perro, una pareja haciendo el amor ante las cámaras. Las ventajas de una existencia palpable, carnal y periodística resultan imbatibles, al menos en apariencia, frente al opaco mundo de la poesía, la imaginación y las fantasías de cualquier especie. El erotismo no se ve. De ahí el éxito de la pornografía cotidiana. Nadie puede tocar o comer angustias, amores, dudas, fulgores de raro encanto. ¿Está realmente viva la vida real? ¿Deberíamos renunciar al arte y los sueños en nombre de una perfecta hoja de lechuga?
L.

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