viernes, 18 de marzo de 2011

Agua del deseo


No se puede vivir sin desear. La idea condensa toda o casi toda la mecánica de nuestra existencia. Por qué hacemos esto o lo otro es una pregunta que no lleva a ningún lado. Lo hacemos porque no podemos dejar de hacerlo. O porque lo deseamos. Pero tampoco esa razón alcanza. Cuando el deseo no obra -advierte William Blake- engendra la peste. Si el agua no corre se estanca. Conclusión. El deseo se realiza, al menos en parte, en el acto de su ejecución.
L.

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