lunes, 28 de marzo de 2011

Vivir sin periodismo

Para saber lo que pasa no hacen falta periodistas. Lo digo porque fui periodista desde siempre y sólo pude enterarme bien de algo cuando pasé del otro lado, es decir, cuando empecé a vivir. Eso ya lo había experimentado en la militancia juvenil, de izquierda, y volví a sentirlo en 2001 participando en la asamblea barrial de Almagro. Nada de lo que importaba entonces, al igual que ahora, aparecía en los medios. Y si aparecía estaba por completo deformado. Días atrás los diarios Clarín y La Nación (dos grandes empresas monopólicas) no informaron adecuadamente sobre la marcha del 24 de marzo. Dije mal. No sólo no informaron. Deformaron, negaron, no dijeron, ocultaron. Pero como fui a la marcha pude saber qué pasó ahí con mucho detalle, sin televisión ni radio ni diarios ni Internet. Lo que vi en ese acto no salió ni siquiera en Página 12. Al día siguiente asistí a un concierto de protesta de las orquestas del Colón. Se hizo en el salón de actos de la facultad de Derecho, asistieron más de cinco mil personas y el espectáculo, además de maravilloso como ofrenda artística, se convirtió en un acto político impresionante contra el neoliberalismo macrista. Y así con todo. Aprendí a caminar caminando. Y aprendí a leer leyendo (y no con suplementos culturales). De igual modo aprendí a escribir escribiendo que es la mejor escuela imaginable. Hay vida después del periodismo. La vida, dice Kundera, está siempre en otra parte.
L.  

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