jueves, 3 de febrero de 2011

Demasiado hermosa y etérea para el siglo XXI

Hay una escena de ruta donde María Schneider quiere saber de qué huye el protagonista de El pasajero, la película de Antonioni. Del pasado, dice él. Entonces ella se da vuelta en el auto y mira extasiada el camino que avanza hacia atrás. El viento la despeina como a una diosa griega y ella cierra los ojos en el viento. Hay otra escena, la más clásica, donde Marlon Brando le pide que traiga manteca de la cocina. Los dos están desnudos en el piso. La película es Último tango en París y fue filmada cuando Schneider tenía 19 años y el mundo era joven aún. El film se estrenó en 1972 y estuvo prohibido una década en la Argentina. Después de esa experiencia definitiva María Schneider (muerta de cáncer, ayer, en París) quedó marcada como una dama trágica, desesperada y maldita. Se hizo adicta a la heroína, consiguió trabajos menores en películas menores y debió ser internada en una clínica psiquiátrica. Su muerte no agrega nada más. María Schneider. Demasiado etérea y hermosa para el siglo XXI.
L.  

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