viernes, 28 de octubre de 2011

Astiz y la escarapela


Mientras era sentenciado a cadena perpetua, el miércoles último, el soldado heroico Alfredo Astiz acarició ostentosamente la escarapela que lucía en un doblez bien planchado de su traje. Como los zorros del campo el ángel rubio es astuto. Y como las hienas del bosque sonreía provocadoramente ante las cámaras. Me quedé pensando en su acto simbólico, casi erótico, de frotar la escarapela, es decir, el símbolo patrio, el mismo que los subversivos French y Beruti repartieron a la población, también subversiva, en mayo de 1810. Recordé unas pocas cosas más. La dictadura que alumbró a gente como Astiz, alias Gustavo Niño, no se limitó a los símbolos. Tomó el poder básicamente para que pueda aplicarse en la Argentina un programa económico antinacional y antipopular. Todas nuestras riquezas fueron entregadas patrióticamente a los capitales extranjeros por orden de José Alfredo Martínez de Hoz, ministro económico de la dictadura. Luego, esto lo sabe todo el mundo, el soldado rubio se rindió heroicamente ante los ingleses en Malvinas sin disparar un solo tiro. Es cierto que entre los militares suele rondar un espíritu nazionalista que incluye escarapelas, banderas celestes y blancas, escudos, himnos, cañones y otros signos de la argentinidad como el tango, las empanadas, el fútbol y el asado. Pero en los hechos esos uniformados no defienden a los argentinos. ¿Hace falta recordar que la patria es un conjunto de hombres, mujeres y niños con derecho a disfrutar de la tierra, la justicia, su historia y el trabajo? Defienden sí a sus jefes, todos ellos fieles a un imperio ávido por apropiarse de nuestros recursos. Para completarla Astiz glorificó la argentinidad, es decir, la escarapela, mediante secuestros, torturas y traiciones derechas y humanas. Deberían meditar sobre estas cosas los que aún hablan en nombre de la patria, los que cuelgan banderas de Radio 10 en los taxis y en los balcones, los heroicos patriotas de cartón que sueñan con viajar a Miami así sea en un avión lleno de cadáveres... subversivos.
L.

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