martes, 26 de octubre de 2010

Desaparecidos en mi colegio


Hice la secundaria en el Nacional Vicente López. Hasta ahí fui, anoche, para participar de una jornada por la memoria organizada por familiares y amigos de doce estudiantes de esa escuela secuestrados y desaparecidos bajo la dictadura militar. Digo doce y no once porque ayer trascendió el nombre inesperado de Valeria Beláustegui, compañera de quinto año, ahora sumada a la lista. Con Valeria discutíamos todo el tiempo. Pero compartíamos el deseo de cambiar el mundo por vía revolucionaria. El acto se hizo en el mismo patio donde transcurrían los recreos mientras yo permanecía solo, en el aula, dibujando caras en el pizarrón. Anoche casi todo el alumnado siguió la rutina escolar como si nada. Es una pena. Hubieran aprendido más yendo al patio y no quedándose en las aulas dibujando caras en un cuaderno. ¿Hace falta recordar que la tragedia y la gesta de los setenta no ha desaparecido con los desaparecidos? Pude ver en un video una hermosa foto de Leonora, una especie de maga de Rayuela que alcancé a tratar y querer en esos años. La secuestraron junto a su hermana María y nunca más se supo. De regreso a la Capital no encontré lugar en bares y restoranes. Todos estaban llenos con la gente mirando, como hipnotizada o drogada, las emocionantes alternativas de Bailando por un sueño en canal 13.
L.

1 comentario:

  1. Recuerdo a Gieco: "Sólo le pido a Dios que el dolor no me sea indiferente que la reseca muerte no me encuentre vacío y solo sin haber hecho lo suficiente". Faltan patios y sobran monstruos grandes que pisan fuerte.
    Graciela B

    ResponderEliminar