martes, 30 de marzo de 2010

Colombia en tiempo real


La liberación de Pablo Emilio Moncayo – soldado secuestrado hace doce años por la guerrilla de las Farc- ha sido trasmitida en vivo y en directo por los medios audiovisuales de todo el país. Eso fue posible gracias a que la senadora Piedad Córdoba –mediadora en la gestión- usó el Twitter para contar los pormenores del proceso. Telesur mostró imágenes del soldado aún en la selva. En ellas aparece Moncayo mirando el cielo y diciendo falta poco para reencontrarme con mi familia. El libreto era perfecto y la gente siguió la historia como si fuera un reality. Los datos, las fotos y los videos se trasmitieron en segundos, algo impensable hace pocos años. La noticia de la muerte del papa Juan Pablo I (por ejemplo) demoró ocho minutos en ser difundida por todo el mundo. Se creía que esa barrera –equivalente a lo que tarda un rayo de sol en alcanzar la Tierra- era insuperable. Hasta que se logró la tan anhelada simultaneidad. ¿Sirve para algo conocer un hecho en el mismo instante en que se produce? La respuesta no es sencilla. Lo que sorprende (o conmueve) no es el acontecimiento sino cómo se lo narra. La tecnología aporta al facilitar la propagación de imágenes de impacto. Moncayo quedó libre debido a que su padre (un profesor de secundaria) abandonó su trabajo y recorrió Colombia entera con cadenas enrolladas al cuello. El gesto atrapó y los medios no fueron indiferentes. Pero ver no significa entender. Y mucho menos sentir. Los familiares de los otros 21 soldados que aún siguen en cautiverio desde hace una década han preferido esperar en silencio. O no han encontrado la forma de sensibilizar a los colombianos, quienes tardan bastante más que un rayo de sol en conocer la tragedia.
A.

7 comentarios:

  1. Esos jóvenes fueron secuestrados por la simple razón de ser soldados y policías. El método de las FARC es deplorable. Sin embargo, vale la pena preguntarse quién debe responder por el hecho de que hayan pasado más de diez años sin que nadie haya hecho nada por lograr la libertad de cada una de las personas que continúan en cautiverio. Los gobernantes colombianos han permanecido indiferentes frente a la suerte de los hombres que cayeron al defender una débil -e injusta- institucionalidad.
    Buen post.

    Lina, desde Palmira (Valle del Cauca)

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  2. Greenaway defiende aquella frase "El contenido ha muerto" y además le agrega un "Viva el Lenguaje". Estoy de acuerdo contigo Andrea: ahora no es de lo que trata, sino cómo se trata. ¿A fin de cuentas, qué representa esa liberación?

    El espectáculo se convierte en una catapulta para cualquier fin. Desde una foto prohibida de cualquier figura internacional, hasta la esperada liberación de un joven que ha sido la representación de una guerra civil que ha enfrentado Colombia hace años.

    Y que no se engañe nadie. La guerrilla colombiana perdió sus líneas idealistas de revolución hace mucho tiempo. Sólo quedan vestigios de torpeza.

    ¡Que viva el lenguaje! (pero además)
    ¡Que viva el contenido!

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  3. "Ver no significa entender y mucho menos sentir".
    El tema de la guerrilla colombiana tiene aristas que no conozco. Sólo puedo decir que duele. Lastima el silencio de los que quedan. Los rescates despiertan alegría, dudas y espanto. A veces las imágenes pueden ocultar en lugar de revelar y nos cuesta separar la paja del trigo.
    Graciela B
    Graciela B

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  4. Hola a ambos. Primero felicitaciones a Andrea por este post acerca de la tragedia colombiana. Más en general quería decirles que tengo las mismas preocupaciones que veo en ustedes en lo que alude a los cambios que están produciéndose en los vínculos personales. Me duele particularmente cuando un amigo o amiga no responde aunque sea con un "hola". Esos mismos que hace una semana te llamaron prometiendo que pronto nos veríamos, luego desaparecen... ¿Qué nos pasa? No me alcanzan las frases de autoayuda como "Si no responde es que no vale la pena; olvidate y listo". No. A mí me duele. Porque la tendencia excede a tal o cual amigo: se convierte en un estado de cosas angustiante. Supongo que la tecnología digital algo tiene que ver con todo ésto. Busco en mí no hacerme la tonta y pensar en qué medida también yo estoy en falta. Tal vez lo estoy y no me doy cuenta. Lo que sí sé es que seguimos necesitando a los otros, aunque solo sea para certificar que existimos al menos para alguien. Igual siempre hay matices. ¿Puedo contarles una paradoja? Desde hace diez meses tengo un compañero de ruta al que quiero muchísimo. Como señaló Luis en un post el amor no garantiza nada; puede demolerte y hacerse humo en cualquier momento. Pero, también, tener una relación sana como la que estoy viviendo es un verdadero regalo. Lo conocí porque tiene un blog. Una vez le escribí un mail, él respondió, yo respondí... y él no tardó en proponer un encuentro. Eso me gustó: concreto, sin vueltas. O sea que lo conocí gracias a Internet. Justamente yo que venía de hacer una maestría en escepticismo. Gracias a los dos por este blog. Un abrazo. Carolina.

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  5. Soy mala televidente, así que no vi la liberación de Moncayo, ni ninguna de las anteriores. Ví las fotos en la prensa de papel, y en todos los casos me he sentido emocionada. Sé que en los medios hay un afán de satisfacer la curiosidad morbosa del público, y que siempre los hechos se manipulan. Creo que cada vez hay más conciencia "semiológica", del cómo aparecer. Ahora visten, peluquean y afeitan a los liberados para que se vean bien, y no es casual que Moncayo haya aparecido con uniforme (hay que seguir alimentando la seguridad democrática). Me preocupa, con una sensación de profundo rechazo, el tráfico humano,la manipulación de los valores, los sentimientos y las personas, que ejercen, para su beneficio, quienes tienen el poder.

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  6. Sería pecar de iluso creer que mis compatriotas, con su amor de patria sobre un poncho manchado de polvo blanco y un carriel perdido entre muertos y esmeraldas, se sensibilizarían con una liberación escueta. ¡No! Tiene que haber lágrimas, un disparo hacia el vacío para que choque las nubes y aparezca el “qué verracos es que somos nosotros”; hay que besar la bandera; rezar sobre la solapa de la banda cruzada tricolor; darle gracias a nuestro mesiánico Paraquito; y lógico no puede faltar que el liberado entorne al cielo una mirada perdida mientras ufana con lágrimas que nuestro ejercito es lo mejor del planeta. ¡Así se hace amor patrio, carajo! Así se consiguen nuevos combatientes para tan gallarda travesía hacia la paz- ¡Sordos!, es tas tas tas; así es que truenan los disparos cuando se llega al Caguán, nada de paz, esa entelequia amorfa no da votos-. Y nada de estar diciendo gracias y hasta luego. No se puede. Patria olvidadiza, boba, insulsa, que recuerda cuando le conviene y olvida sin darse cuenta que alguna vez sucedió. Pero eso no se puede decir, ¡Eso Jamás! ¡Qué diría mi General si me escuchara!; hay que dejar en alto el nombre de la institución. ¡Firme mi teniente! Nosotros tenemos que demostrar que somos echaos pa’lante, que con plomo es que se arreglan los conflictos. Dios salve al ejercito nacional, institución hermosa que crece y crece y gasta y gasta y no sirve pa un comino. Pero que se lleva en el corazón, en el alma; que pide y pide y se endorsa en sus arcas el 14% del producto nacional en bombas y tanques viejos que nos dan los españoles. Para que una noticia quede y se sienta hay que echar vinagre espeso en la herida abierta. Así se hace amor patrio y así se hace periodismo en mi hermoso país. Sino después se acaba la guerra y ahí sí tocaría hacer campaña política. Y tocaría escuchar a los candidatos hablar de educación, de economía, de subsidios, de viviendas, de servicios públicos… ¡Y qué pereza tener que pensar tanto!; eso dejemos las cosas como están que así vamos muy bien. Por eso apoyo a Santos, porque él ya conoce el armatoste del poder ejecutivo, el ya estuvo en tres gobiernos consecutivos y sabe cómo es que se tiene que mamar de la teta pública. Más vale malo conocido que bueno por conocer. Más en Colombia que nadie es bueno. O sino que lo digan los que votaron por el respetabilísimo Partido de Integración Nacional, más conocido como del PIN, del cual provienen los destetados de las familias de los senadores que andan por estos días pagando condena por paramilitarismo… Eso sigamos diciendo lo que nos conviene que así es que se construye una nación igualitaria y pacífica como la de nosotros. ¡Ay qué lindo país!

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  7. Lo que definitivamente caracteriza a mi pais, es el corazon de fuego impertinente de sus gentes y esa capacidad de olvido tan brava y tan certera que hace que el conflicto se repita, y se repita, y se repita, y se repita, y se repita...
    Y que vuelva siempre como mutado, y aun mas feroz, trayendo consigo mejores dispositivos de olvido.

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