martes, 9 de marzo de 2010

Malas palabras


No hay nada más expresivo que las malas palabras. Por eso las califican de malas. Porque son demasiado buenas. La gente fina las encubre con sinónimos. Los políticos usan eufemismos. Los periodistas suelen inclinarse por las segundas palabras. Suponen que el oficio consiste en suplantar las primeras que vienen a la cabeza por otras más raras y sofisticadas. En lugar de murió dicen falleció. Si las cifras bajaron ponen descendieron. Los boqueteros del Macro no escaparon sino que se dieron a la fuga. Las modelos tienen lolas y no tetas. Pero no es así la vida. La gente tiene cara y no rostro. Las ventanas por lo general son de vidrio y no de cristal. Pero los malos poetas prefieren decir que la lluvia cae sobre los cristales. En cierta zona remota del cuerpo todos tenemos culo y no cola o trasero. Y la palabra ramera no tendrá jamás la dignidad de la palabra puta. Las parejas (finalmente) no cogen. A cambio hacen el amor. Pero el amor ya está hecho como el resto de las cosas de este mundo.
¿Para qué seguir fingiendo? ¿Por qué tanto miedo a la verdad?
L.

1 comentario:

  1. ...y bueno...fuimos educados en la cultura del encubrimiento y el doble discurso...la verdad circula por el sótano...en la superficie gana el que finge más...me gustan las malas palabras y este post.
    sheila

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