viernes, 13 de agosto de 2010

La chica del lavadero

De caminata con la chica del lavadero (32 años, separada, un hijo de seis, un novio de 40) otra vez sopa. Me dice que todo está bien con su pareja, que le gusta que el hombre la llame y le diga que la necesita, que disfruta de acostarse con él, de cenar con él y de ver con él películas alquiladas. ¿Cuál es el problema entonces? Ante mi pregunta la chica del lavadero dice que hacen siempre lo mismo. Van a comer, miran televisión, tienen sexo (hacemos el acto, dice ella en su estilo) y se duermen. Durante la semana se mandan mensajitos por celular. La chica del lavadero tiene miedo a la rutina. Ya vivió cosas parecidas con su ex y está alerta. Le digo que eso no tiene solución. Que le pasaría lo mismo con cualquiera. Le digo que debe ocuparse de ella y olvidarse de todo lo demás. Que su problema no es la rutina sino dejarse estar, dejarse llevar, culpar a lo de afuera por temas propios y de fondo que no se anima a encarar. Se lo digo y me lo digo. Nada justifica el abandono de uno mismo.
L.

1 comentario:

  1. Es cierto, nada lo justifica pero algunas veces es difícil ver el límite...vivo buscando ese eje!!

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