martes, 17 de agosto de 2010

Viaje de un largo día hacia la noche


Lo que más cuesta es vivir, afrontar el día, llegar hasta la noche sin dejar de ser, deslizar palabras con oculto desgano y elocuente fervor, entrar al baño, salir del baño, poner café en la máquina, saludar a desconocidos, temblar, secretamente, muy adentro, mientras comento las noticias y veo el reloj o la pantalla, subir y bajar de los taxis, de los colectivos en viaje hacia el lugar donde, cuando se apaguen los gritos y las citas, empiece a sonar la música, la única voz que hoy y siempre, nunca y mañana, quiero escuchar.
L.

3 comentarios:

  1. es un texto muy auténtico, muy directo y, a la vez, bien cuidado como prosa.
    marie

    ResponderEliminar
  2. temblar secretamente...

    ResponderEliminar
  3. el transcurrir del tiempo en un día así... lo escribes tal , que casi lo puedo experimentar .
    E imaginar a ese hombre temblar secretamente (mientras espera que caiga el café que apenas puso en la máquina).

    Si te hizo escribir esto...
    parece que al igual que los divorcios productivos, hay días de la chingada pero -más que- productivos.


    Celeste Gris

    ResponderEliminar