domingo, 25 de julio de 2010

Clase de flotación I


El problema está en querer decirlo todo. La pretensión sería equivalente a mostrar todo a la manera del actual show de intimidad que parece ser un signo de nuestra época. Pero justamente en ese mundo sobresaturado de palabras e imágenes el exhibicionismo se vuelve menos efectivo. Por lo demás resulta imposible decir y mostrar la totalidad de algo. En medio de tanto palabrerío uno desearía recuperar el lenguaje puro (virgen) de Adán y Eva. Hablar en una lengua casi gutural como la de los animales. Una forma de flotación posible sería volver al arte de nombrar las cosas nuevamente para llamar la atención sobre ellas. Decía Wilde que la gente no había visto la niebla hasta que determinados poetas y pintores del siglo XIX le enseñaron a verla. De igual modo podría decirse que nadie tuvo jamás una visión completa de la variedad y sutileza del cuerpo humano (desnudo o vestido) antes del cine y la fotografía. Aprender a flotar (en conclusión) sería no hundirse en frases e imágenes vulgares, altisonantes y pretenciosas. Por el contrario se aconseja alivianar el peso muscular, extender los brazos hacia los costados, cerrar los ojos y dejarse llevar a donde sea por la corriente. El agua (que es sorda y muda) nunca se equivoca.
L.

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