martes, 27 de abril de 2010

La envidia del pene


¿Qué significa ser mujer? La genialidad de Freud consiste en haber descubierto que las consideraciones anatómicas no ayudan a resolver esta cuestión. Su teoría de la castración (no obstante) sugiere que al descubrir en el padre la existencia de un miembro la niña siente que fue víctima de una pérdida sustancial de la que acusa a su madre. No voy a usar un modesto blog como éste para esclarecer la eterna polémica. Pero me atrevo a decir que la misma envidia espontánea que surge en esa niña a la vista del pene la siente el varón cuando verifica que su madre tiene tetas o cuando se entera de que únicamente las mujeres son capaces de parir. Hay quien dice que Freud conocía bien esa contraparte de la envidia del pene pero que su prejuicio falocéntrico le impedía atribuirle un justo valor. Ese prejuicio (seamos honestos) es de la sociedad toda. El capitalismo es penecéntrico por definición. Hasta en los carteles publicitarios se asocia un auto, el poder político o un desodorante masculino (también la sugerente forma del lápiz labial) con la potencia majestuosa de un sexo masculino en erección. Sea como fuere la venganza femenina reside en su capacidad de gozar con todo el cuerpo (alma incluida) y no solamente con tal o cual región de su anatomía desbordante. Los hombres (en cambio) somos básicos y definitivamente primitivos en ese aspecto….para no decir en todos como opinan con razón muchas mujeres que conozco.
L.

7 comentarios:

  1. Definitivamente cierto Maestro. La verdadera y única revolución es hombres sin pene. Con la variedad de consoladores y vibradores que hay, la mujer no necesita más.

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  2. Por empezar, sigo pensando que las fotos que ilustran los posts son fabulosas. Bravo.
    Con respecto al tema... qué deciros. Creo que falos eran los de antes, ahora el hombre se feminizó tanto que necesita pastillitas celestes para levantar su estandarte, ya no alcanza el querer acostarse con la mujer deseada. Están tan histéricos como nosotras y, cuando hay que poner las cartas sobre la mesa, huyen con su miembro entre las patas.
    La verdad, ninguna envidia, muchachos. Seguimos necesitándonos mutuamente para pasarla bien, asi que ¡hagamos los deberes juntos!

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  3. A veces la mujer necesita ser hombre. Ella es puro ser. Si no recurre a su lado masculino se disolvería. Buen post.
    M.

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  4. ¿La mujer no necesita más que consoladores y vibradores? Nada más lejano al hombre que esos aparatos mecánicos. Y la mujeres (yo) queremos hombres.

    Aparato seco, muerto, copia infiel del pene (ni siquiera del hombre). Sin palabra, sin alma. Las mujeres necesitamos la palabra masculina. Tangible, fuerte y terrenal.

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  5. creo que si, vivimos en una 'sociedad penecentrica'. quizas desde nuestra anatomia es que el hombre es quien maneja las cosas. en lo sexual se necesita de la ereccion de su miembro. luego, el penetra a la mujer. penetra. mete parte de si dentro de un cuerpo ajeno . al mergen del deseo sexual y/o de amor, creo que hay cierto sometimiento escondido que no es notado debido que es algo 'natural'. cierto mundo falocentrico que es parte de nosotros

    O.

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  6. La teoría es bien afirmada. Además, creo que existe una íntima relación entre volumen y placer. Tengamos claro que el pene, comparativamente es un clítoris hipertrofiado. Podríamos decir que la mujer tiene un placer -en este caso sexual- diferente al hombre; y si agregamos las teorías de Luis, un placer (el femenino) en íntimo contacto con el alma, con el ser, con la totalidad del cuerpo. Concreto: la distancia del organo sexual y el cuerpo (parte medial)-que conlleva a un aumento del volumen, una hipertrofia que desencadena insensibilidad- es directamente proporcional al placer sincero, o por lo menos al placer del ser profundo.

    Me refiero a que la necesidad de hacer una relación entre falo y objeto material - como lo propone Luis- es la misma necesidad que tiene la sociedad de plastificar el sentimiento, insensibilizar al sujeto. Como lo decia antes, entre más grande el falo, menos la sensibilidad.

    Diego E.

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