jueves, 1 de abril de 2010

Poner el cuerpo II


Cualquiera comenta cualquier cosa. Cualquiera dice te amo, te odio y te la doy. Cualquiera hace un discurso perfecto a favor de los marginados o de las víctimas de un terremoto. ¿Pero cuántos de esos brillantes expositores están dispuestos a poner el cuerpo para aliviar el dolor de una única persona? La pregunta excede ampliamente lo político y social. También en otros ámbitos abundan las declaraciones y escasean los actos. Por ejemplo en el amor o incluso en este blog. En cualquier sitio es más lo que se dice que lo que se hace. Presuntos amantes despliegan enunciados fabulosos para luego desaparecer de la escena en el mejor momento. Se van a la hora de jugarse en acto por alguien o por algo. Y ni hablar de los medios de incomunicación. El mundo está lleno de periodistas muy valientes cuya voz encanta a las buenas conciencias. Pero ni uno solo de ellos se compara con la acción real (cotidiana) de mujeres y hombres anónimos que de pronto salen a la calle en defensa de una escuela, un bosque o un hospital. Un poeta (es otro ejemplo) sólo es digno de ese nombre si además de producir textos de buena calidad defiende para sí mismo y para sus semejantes el derecho a vivir poéticamente. En ese camino tendrá que poner el cuerpo. Sin ese detalle todo el esfuerzo se reducirá a un concurso de disfraces para ver quién es el mejor y quién se lleva el premio. Las acciones físicas (además) deberían concretarse en estricto silencio. ¿Palabra o acto? Palabra y acto. Alguien tendría que bajarle la bombacha a la vida y tomarla por sorpresa. Poner el cuerpo. Una hermosa sorpresa.
L.

2 comentarios:

  1. Y nos dejaste mudos. ¿Nos fuimos a hacer?

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  2. Estoy de acuerdo, una vez más.
    Si no ponemos el cuerpo, de nada sirven ciertas palabras...

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